Mi cuñada insistía permanentemente. Hasta un día que vino a casa y mi mujer no estaba llegó a mostrarme las tetas para convencerme de que sería bien recibida en nuestro ambiente de parejasswingers” al que habíamos ingresado hacía un par de meses y en el que la estábamos pasando muy bien.

Lo pero era que mi esposa la incentivaba. Lo único que a ella le daba un poquito de vergüenza era que en el entrevero en alguna reunión yo pudiera quedar pegado a su hermana. La apañaba porque le tenía bronca al marido de ella porque según contaba era un atrasado, un celoso, que no se la cogía nunca, que prefería ver fútbol a estar con ella y que ésta ya no lo aguantaba por lo que quería ir sola porque necesitaba tener sexo.

A mí no me parecía bien que concurriera sin su esposo pero en definitiva no era mi problema. Para colmo mi mujer la entusiasmaba contándole lo bien que la pasábamos y los amigos que habíamos hecho.

Así que un día me decidí y lamentándome por su marido armé una pequeña reunión en casa con un par de amigos. Era una parejita joven y muy perversa, El superdotado y ella bisex. Por supuesto que la invitamos a mi cuñada, quien para no levantar sospechas con su esposo llegó temprano y como siempre, con un paquete de facturas. Mi cuñado nunca venía porque iba a la cancha y después se quedaba viendo fútbol por televisión hasta el último partido.

A la pareja joven también la hicimos venir temprano y en un momento dado mi cuñada me descolocó. Es que yo para entrar en clima charlaba para que se fuera conociendo con la otra pareja y de pronto dijo: ¿Cuándo empezamos? No tengo mucho tiempo y quiero disfrutar a pleno de la fiesta.

Eso desencadenó todo, porque esos jóvenes son muy zarpados y en un minuto estaban los dos en bolas apretándose a mi cuñada. Ella metía mano por todos lados y chuponeaba tanto a él como a ella..

Ahí nos dimos cuenta con mi mujer que a su hermana también le iban las mujeres, sobre todo por la pasión con que le tocaba la concha a la otra.

Se tiraron sobre un sillón mientras mi mujer sacaba las tacitas de café y las facturas para que no se aplastaran. La desnudaron y pude comprobar que mi cuñada tenía un buen lomo. La había visto en malla pero en bolas era realmente excitante. Me hizo calentar de inmediato. Sus pezones son grandes y morados y su concha rapada tiene unos labios rosados oscuros que parecen una boca abierta. Le nace bien arriba el tajo y su clítoris sale hacia fuera y al frente como si fuera una pijita.

Le chuparon la concha entre los dos, primero uno y después el otro. Luego él se paró en el sillón y le puso la verga en la boca. Ella la agarró con las dos manos y mientras gemía se la introdujo hasta la mitad, que era toda su capacidad bucal. El empujaba queriéndole llegar a la garganta y en un momento mi cuñada se ahogó y tuvo un pequeño acceso de tos. La chupó un buen rato mientras tenía un orgasmo tras de otro por la mamadas que la mujer bisexual le propinaba. Descubrimos con mi mujer que su hermana era una multiorgásmica insaciable.

A esta altura estábamos nosotros también desnudos pero sin participar así que me acerqué a ella mientras lamía el miembro del otro hombre. Me miró de reojo y me hizo señas de que me aproximara más. Así lo hice y me agarró la pija y lentamente comenzó a masturbarme. Después giró lentamente y al momento que soltaba las dos vergas que tenía en sus manos nos pidió que la cogiéramos. Yo cedí mi lugar al otro, porque estaba mi mujer y no sabía cómo reaccionaría, y éste se la metió bruscamente por la vagina. Ella gritaba de placer y pedía entre gemidos que yo le acabara en la boca.

Se la puse, ella la degustó con pasión pero yo controlé mi orgasmo.

Fue entonces que mi mujer se me acercó y me dijo que llegábamos hasta ahí, que no la fuera a coger, que recordara que era su hermana.

Mi cuñada mientras tanto se desparramaba en orgasmos. El flaco se retiró de su vagina y me dejó lugar para que se la pusiera. Dudé un instante pero ante los insistentes reclamos volví a mirar a mi esposa quien me contestó con un “sí” timido. Mi pija entró sin escollos hasta el fondo.

La situación era maravillosa, mi mujer se olvidó hasta tal punto que me besaba mientras yo me cogía a su hermana. Fue tan fuerte que acabé de inmediato. Mi verga se ablandó pero ella no me dejaba ir, parecía que gozaba más con un miembro fláccido dentro de su vagina.

Por fin me soltó y mi lugar lo ocupó el otro hombre que deseaba terminar lo que había comenzado. Lo hizo acabándole en su cara, llenando de semen su frente y su cabello. Ella estiraba la lengua para capturar las gotas que resbalaban por su piel ardiente.

La reunión continuó intercambiándonos las parejas. Mientras mi esposa le chupaba la pija al joven yo le hacía el culo a la minita y ésta se zambullía en la concha de mi mujer. Mi cuñada nos acariciaba a todos por igual, salvo a su hermana y ésta jamás la tocó.

Después la jovencita me la chupó al unísono con mi cuñada y les acabé en sus bocas. Resultaba gracioso ver cómo se disputaban mi pija. Se la pasaban de boca en boca y hasta temí que me la mordieran, cosa que no sucedió por suerte.

Mi mujer mientras tanto se aguantaba estoicamente el terrible pedazo del joven quien la había puesto en el suelo con las piernas levantadas e iba alternando sin parar con la concha y el culo de ella. Culo que estaba acostumbrando a recibirla porque eran unos de los habituales asistentes a las reuniones que hacíamos. No todas las mujeres lo podían soportar pero la mía lo dilataba de tal modo que le entraba como si nada.

Terminamos todos extenuados pero fue complicado convencer a la hermana de mi mujer de seguir otro día. No se quería ír, quería más y más. Por fin la llevamos a su casa después de ofrecerle un profundo baño que le sacara el olor a semen que tenía por todo el cuerpo para que su marido no se diera cuenta.

Hoy en día mi cuñada coge con nosotros. Ya traspasaron la barrera con mi esposa y se propinan caricias por todo el cuerpo. El que resulta más complicado soy yo que tengo que atender a las dos por eso es que a veces le organizamos fiestitas con la presencia de otros hombres que colaboran conmigo.

Su esposo sigue copado con el fútbol y ni percibe que ella ahora no le reclama más sexo. Pero en otros aspectos son felices y eso es bueno.